La primera sorpresa me la llevé ya sumergido en el agua, no era una novelita de aventuras al estilo Robert Louis Stevenson, se trataba de un conjunto de cuentos, cuatro en total, ambientados en las islas de esos archipiélagos del Pacífico. La sorpresa fue positiva porque la estructura en cuentos me venía todavía mejor ya que no suelo aguantar dentro de la bañera más de lo que dura un Cd. Su autor me sonaba mucho, como de autor muy famoso hacía poco pero cuya notoriedad había bajado notablemente en los últimos años. También me sonaba que algunos de sus libros habían sido adaptados al cine. Finalmente en la solapa se comprobaba que pertenecía a una colección llamada "Obras Maestras de la Literatura Contemporánea". No podía ser malo.
Y efectivamente, no es malo. De los cuatro cuentos, tres son muy buenos, los tres primeros. No le da para entrar a formar parte en nuestra biblioteca de ensueño pero me alegro de haberlo leído y lo recomendaría con confianza.
Un análisis más profundo de Somerset tendrá que esperar a más lecturas de su obra pero en estos cuatro cuentos ya se pueden ver algunos rasgos de su escritura y su temperamento. Las relaciones entre hombres y mujeres son complicadas en estos cuentos y poco satisfactorias lo que coincide con su experiencia vital en la que tras un tormentosos matrimonio acaba divorciándose y juntándose con un hombre. Este detalle de su biografía que yo desconocía (los desconocía todos en realidad) ayuda a entender la visión que tiene de la vida conyugal donde la esposa o bien es una especie de sargento que coarta la libertad del marido o es presentada como una femme fatale que los vuelve locos. La conclusión es clara: no te cases.
Los cuatro cuentos siguen la misma técnica literaria: cuentos más bien largos (unas cuarenta páginas) en los que Somerset nos demuestra su capacidad de observación; va tejiendo sin prisa y sin pausa la atmósfera y los personajes, que tienen algo de misterioso y sobrenatural. Los acontecimientos se van sucediendo con el ritmo propio de un cuento hasta llegar a un final abrupto que corona el relato de una manera análoga a cuando los guionistas de televisión reservan una escena relevante para los últimos segundos del capítulo. Ese negro de la pantalla que viene después es como se queda uno cuando ha terminado de leer.

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