Marcel Proust es de esos autores conocido por un sólo libro. En su caso en realidad son varios libros en uno, dependiendo de la edición yo los he visto en 3 tomos o en 7. Más de tres mil páginas de reflexiones en "off", de introspección, lo hacen uno de los textos más veces empezados y menos terminados. No es casualidad que la parte más conocida sea la primera titulada Por el camino de Swann. Aunque se supone que es ficción en realidad es una autobiografía, empezando por el personaje principal que se llama como el autor. Marcel Proust y su En busca del tiempo perdido es una de las últimas paradas del viaje por la Literatura que propongo. Es decir si alguien de adolescente se puso con el Gilgamesh, En busca... lo leería ya en la senectud.
Se ha escrito mucho sobre En busca... incluso de cómo leerlo, que si a poquitos, que si de 50 páginas en 50 paginas, que si en progresión aritmética... yo te recomiendo leerlo de manera obsesiva, que lo leas todo el tiempo que te duren los tomos en tus manos, que leas todo lo que seas capaz cada día, creo que es la mejor manera de aprovecharlo y en realidad la única de acabarlo. Piensa que en el libro "no pasa nada" al estilo de una novela convencional, son un conjunto de reflexiones y descripciones. De hecho casi todos los que lo han acabado lo leyeron porque circunstancias extraordinarias: una convalecencia, unas guardias en la garita. El mismo Marcel leía así, es decir, todo el rato.
El libro comienza con el Marcel adulto contándonos que en sus noches de insomnio se entretenía recordando la vida que había llevado, los lugares en los que había estado, pero sobretodo de su niñez en Combray. Por más que se esfuerza no es capaz de recordar de su niñez nada más que el drama de irse a la cama a la espera del beso de mamá y el teatro que veía en una linterna mágica que le compraron para solazar sus horas de aburrimiento. Toda su inteligencia y capacidad no le servía para recrearse vívidamente esa niñez y sin embargo cierto día una magdalena mojada en el té le despertó el recuerdo claramente de su niñez. Lo que no habían conseguido las noches en vela lo consiguió en un solo instante ese aroma y sabor que eran idénticos a los que percibió de muchachito cuando su excéntrica tía Léoniel le convidaba a té con bollitos en su habitación (este es el famosísimo episodio de la magdalena de Proust). Así empezamos a conocer detalladamente la vida de este niño, rarito, hipersensible, que vive rodeado de adultos, que encuentra un deleite extraordinario en la lectura, que se despide con lloros y abrazos de sus flores, que ya desde pequeño quiere ser escritor. Marcel es un niño solitario y fantasioso que se fascina con las vidrieras de la iglesia y que se desilusiona al comprobar que la condesa de Guermantes no se parece a las representaciones de los tapices. Marcel anhela conocer el mundo aristocrático y su prestigio Somos sumergidos en un mundo elegante, distinguido, lujoso, un poco Antiguo Régimen donde se adivina la decadencia y la conciencia de que esos tiempo tan bellos nunca volverán, lo que da a todo el relato un sabor nostálgico. A través de la sensibilidad única de los niños vivimos episodios tan tiernos como el de la angustia por el beso de despedida de mamá que no llega, la maldad a su manera de la sirvienta Françoise o la repugnancia que le produce el descubrimiento de una relación lesbiana llena de sadismo (la homosexualidad orbitará a lo largo de todo el texto).
Dejando a un lado la literatura no podía evitar reflexionar sobre la aparentemente idílica sociedad provinciana de Combray pero que esconde sus pequeñas y grandes miserias. Así nos encontramos con un padre decepcionado con su hijo rarito al que trata con dureza, con una tía abuela de malos sentimientos, con una sirvienta que es pura maldad, con la hija de un pobre hombre y su partener sexual que son un par de arpías depravadas. Y es que en las pequeñas localidades bucólicas, con todos sus arroyos y bosques, sus pajaritos, hay también mucha mala leche.
Un objeto, un olor pueden activar nuestra memoria mucho más poderosamente que el proceso intelectual más concienzudo.
Hasta aquí la primera parte de este primer volumen. Es decir 1/14 del total de la obra y sin embargo la mayoría de lo que oigas de este libro se referirá a esta pequeña fracción.
El primer volumen sigue con Swann y el enamoramiento que éste siente por una especie de "mantenida", Odette. Pero quizá los protagonistas sean en verdad los Verdurin, un necio matrimonio que reúne a un variopinto grupo de "fieles" y entre los que se encuentra Oddete, razón por la que Swann entra en conocimiento con ellos. Pero Odette no tiene las cualidades que Swann cree encontrar en ella y finalmente se nos desvela que es la fulanita que todos decían. El libro ha cambiado en este tramo, hemos pasado de la infancia en primera persona de Marcel a un episodio amoroso donde nuestro autor no participa. Por eso hacía hincapié antes en leerlo de una manera obsesiva porque el cambio es brusco entre una parte y la otra y puede originar confusión.
El segundo libro tiene como precioso título A la sombra de las muchachas en flor en él un ya adolescente Marcel recupera todo el protagonismo. Viaja con su abuela a la localidad costera de Balbec donde además de una preciosa iglesia hay un gran hotel en la playa. Mientras lo leía me imaginaba en el Grand hotel de Biárriz o en de La Toja. También me hacía recordar algunas escenas de la película Muerte en Venecia. (cuando las clases bajas observan el interior del galante salón como si éste fuera un gigantesco acuario). Nuevamente vemos esos ambientes tan elegantes que terminaron con esa época y que jamás volvieron... esa nostalgia está siempre presente. Entra en escena el personaje de Saint-Loup, un joven aristócrata que siente la necesidad de hacerse perdonar y con el que Marcel intima, de una manera un tanto ambigua. Aparece también el cretino de Bloch, un personaje al que se sienten deseos de dar un puñetazo, y con él otro de los temas siempre presentes en la obra, el judaísmo, en especial el caso Dreyfus. De la mano de Saint-Loup conocemos a su tío barón de Charlus, ya conocido fugazmente en el primer volumen y del que se vivirán episodios de homosexualidad más o menos latente. Pero las auténticas protagonistas de este segundo volumen son las seis frescas que se encuentra y de las que se queda prendido sobretodo de una de ellas, de Albertine.
A lo largo de este volumen Proust demuestra su agudo esteticismo, donde los amaneceres y el mar son recurrentes y su casi enfermiza capacidad de observación. En esta segunda parte del libro conocemos al pintor Elstir que ya conocimos en las jornadas del matrimonio Verdurin, época de la que ciertamente no se siente orgulloso. Pero Elstir es importante porque las muchachas frescas le visitan y a través de él Marcel llegará a conocerlas. Picotea entre todas, pero de una manera fantasiosa y nada fogosa. Es un libro muy poco masculino en el sentido tradicional del término. Este segundo volumen termina con el amor no consumado de Marcel y Albertine.
Continuará...
*Los celos son una parte insoslayable de la experiencia de amor pasional. De ahí que lo sentimental tenga una dimensión trágica.
** Proust trata de recuperar el tiempo perdido. Sólo pueden ser recuperados mediante la creación artística abandonado la frivolidad del snob y de la memoria, pero la memoria tiene una capacidad reducida. Son necesarios esos "flash" como el de la magdalena.
Dejando a un lado la literatura no podía evitar reflexionar sobre la aparentemente idílica sociedad provinciana de Combray pero que esconde sus pequeñas y grandes miserias. Así nos encontramos con un padre decepcionado con su hijo rarito al que trata con dureza, con una tía abuela de malos sentimientos, con una sirvienta que es pura maldad, con la hija de un pobre hombre y su partener sexual que son un par de arpías depravadas. Y es que en las pequeñas localidades bucólicas, con todos sus arroyos y bosques, sus pajaritos, hay también mucha mala leche.
Un objeto, un olor pueden activar nuestra memoria mucho más poderosamente que el proceso intelectual más concienzudo.
Hasta aquí la primera parte de este primer volumen. Es decir 1/14 del total de la obra y sin embargo la mayoría de lo que oigas de este libro se referirá a esta pequeña fracción.
El primer volumen sigue con Swann y el enamoramiento que éste siente por una especie de "mantenida", Odette. Pero quizá los protagonistas sean en verdad los Verdurin, un necio matrimonio que reúne a un variopinto grupo de "fieles" y entre los que se encuentra Oddete, razón por la que Swann entra en conocimiento con ellos. Pero Odette no tiene las cualidades que Swann cree encontrar en ella y finalmente se nos desvela que es la fulanita que todos decían. El libro ha cambiado en este tramo, hemos pasado de la infancia en primera persona de Marcel a un episodio amoroso donde nuestro autor no participa. Por eso hacía hincapié antes en leerlo de una manera obsesiva porque el cambio es brusco entre una parte y la otra y puede originar confusión.
El segundo libro tiene como precioso título A la sombra de las muchachas en flor en él un ya adolescente Marcel recupera todo el protagonismo. Viaja con su abuela a la localidad costera de Balbec donde además de una preciosa iglesia hay un gran hotel en la playa. Mientras lo leía me imaginaba en el Grand hotel de Biárriz o en de La Toja. También me hacía recordar algunas escenas de la película Muerte en Venecia. (cuando las clases bajas observan el interior del galante salón como si éste fuera un gigantesco acuario). Nuevamente vemos esos ambientes tan elegantes que terminaron con esa época y que jamás volvieron... esa nostalgia está siempre presente. Entra en escena el personaje de Saint-Loup, un joven aristócrata que siente la necesidad de hacerse perdonar y con el que Marcel intima, de una manera un tanto ambigua. Aparece también el cretino de Bloch, un personaje al que se sienten deseos de dar un puñetazo, y con él otro de los temas siempre presentes en la obra, el judaísmo, en especial el caso Dreyfus. De la mano de Saint-Loup conocemos a su tío barón de Charlus, ya conocido fugazmente en el primer volumen y del que se vivirán episodios de homosexualidad más o menos latente. Pero las auténticas protagonistas de este segundo volumen son las seis frescas que se encuentra y de las que se queda prendido sobretodo de una de ellas, de Albertine.
A lo largo de este volumen Proust demuestra su agudo esteticismo, donde los amaneceres y el mar son recurrentes y su casi enfermiza capacidad de observación. En esta segunda parte del libro conocemos al pintor Elstir que ya conocimos en las jornadas del matrimonio Verdurin, época de la que ciertamente no se siente orgulloso. Pero Elstir es importante porque las muchachas frescas le visitan y a través de él Marcel llegará a conocerlas. Picotea entre todas, pero de una manera fantasiosa y nada fogosa. Es un libro muy poco masculino en el sentido tradicional del término. Este segundo volumen termina con el amor no consumado de Marcel y Albertine.
Continuará...
*Los celos son una parte insoslayable de la experiencia de amor pasional. De ahí que lo sentimental tenga una dimensión trágica.
** Proust trata de recuperar el tiempo perdido. Sólo pueden ser recuperados mediante la creación artística abandonado la frivolidad del snob y de la memoria, pero la memoria tiene una capacidad reducida. Son necesarios esos "flash" como el de la magdalena.


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