miércoles, 6 de agosto de 2014

El lugar del español en la literatura universal en los últimos 500 años



Aunque la correlación no es absoluta sí que parece cierto que los momentos de auge socio-políticos de un país suelen tener un impacto positivo sobre sus artes. Así tenemos la Atenas de Pericles, las ciudades estado italianas del Renacimiento, el Siglo de Oro español, la Inglaterra victoriana hasta llegar a nuestro días donde el domino de los EEUU es notorio en el mundo de la cultura. Por citar unos pocos ejemplos.

Si cogemos la lista que propone Harold Bloom (escojo a Bloom por el doble motivo de que tiene una lista y de que en su condición de judío norteamericano le presumo cierta imparcialidad entre Francia y España, objeto de este artículo) en su Canon (lista por cierto de la que por mucho que reniegue se siente bastante orgulloso en el fondo):
Para el periodo que va de Dante a Goethe, España aporta 11 autores a la lista dentro de los cuales destacan primerísimas espadas como Manrique, Cervantes, Calderón, Lope o Quevedo, incluyendo además El Quijote.

Francia para ese mismo periodo aporta 27 autores pero en cuanto a primeras figuras no supera a España (Montaigne, Moliere, Corneille, Racine y Voltaire no desmerecen pero no superan al Dream Team español) y aunque no hay ningún Quijote están los Ensayos.

Digamos que para este periodo España gana por poco por calidad frente a una menor cantidad.

Para el segundo periodo, el correspondiente más o menos a los siglos XVIII y XIX, España se viene abajo con 3 autores (Bécquer, Galdos y Clarín) mientras que Francia coloca a 20 siendo casi todos ellos sus más reconocidos autores (Hugo, Musset, Stendhal, Flaubert, Verlaine, Rimbaud, Balzac, Maupassant, Zola, etc...)

La derrota española es absoluta y ninguna de las grandes lenguas europeas presenta una bagaje tan pobre como el hispano. El siglo XVIII simplemente no existe en nuestras letras.

Un rápido vistazo a las fechas nos muestra que España se pasa más de siglo y medio sin incluir un sólo título al canon. Es asombroso. Siete generaciones de españoles no conocerán ni una sola obra sin fecha de caducidad. Mientras que sus abuelos gozaron del Siglo de Oro y sus nietos de las generaciones del 98 y del 27 ellos no tendrán nada. Ninguna otra lengua importante dejará pasar tanto tiempo entre sus obras.

Para el tercer periodo, generación del 98 hasta la democracia, el español consigue 13 participantes que es un dato malo pero con algunos nombres sobresalientes (Unamuno, JRJ, García Lorca, Cernuda) Latinoamérica acude a nuestro rescate con 18 autores algunos de ellos entre los favoritos del siglo ( Borges, García Márquez, Vargas Llosa) con lo que el lector en español se queda con 31 representantes. Francia por su parte consigue colar 54 entre los que destacan Proust o Camus. Es cierto que Francia aporta casi el doble pero el boom latinoamericano más la calidad de algunos españoles logran a mi juicio una ajustada victoria por mucho que nos confesemos admiradores de En Busca del tiempo perdido.

Vemos pues que de un inicio esplendoroso se pasó una larguísima y penosísima travesía por el desierto para desembocar en un segunda etapa si no de oro al menos de plata con la impagable ayuda latinoamericana. Parece que ahora, desde el fin de la época dorada sudamericana hasta nuestros días vivimos una nueva época de sequía hasta el punto de que España no ha conocido una sola obra de valor perdurable desde la democracia y el panorama es de color negro hormiga. La sequía en las artes del periodo democrático es absoluta y aquellos que nos decían que el periodo franquista fue nefasto para las artes se han mostrado todavía más mediocres en la democracia con todas sus posibilidades.

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